October 24, 2021

Así es la nueva Educación para la Ciudadanía: “ecofeminismo”, “memoria democrática”, “ética de los cuidados” y “derechos LGTBIQ+”

Educación Educación Artística tendrá casi el mismo peso que Inglés en Primaria Educación El Gobierno da a las Matemáticas un enfoque “socioemocional” y con “perspectiva de género”

Cada Gobierno trata de dejar en el currículo su toque personal, su elemento diferenciador, su huella política. José Ignacio Wert introdujo el emprendimiento y le acusaron de capitalista. Ahora Pilar Alegría ha trasladado todas las señas ideológicas del Gobierno de PSOE-Unidas Podemos a la nueva asignatura de Educación en Valores Cívicos y Éticos, un trasunto de aquella Educación para la Ciudadanía que tanta guerra dio en los años de José Luis Rodríguez Zapatero.

Desde la “memoria democrática” a los “derechos LGTBIQ+” pasando por la “ética de los cuidados”, el “ecofeminismo” o la “toma de consciencia de la violencia y la explotación sobre las mujeres”, el programa de estudios, al que ha tenido acceso EL MUNDO, parece diseñado a medida para avalar en la escuela las decisiones que se toman en el Consejo de Ministros.

La asignatura se impartirá en uno de los años de la ESO (entre los 12 y los 16 años) y tendrá las mismas horas por curso que Educación Física o Religión: 35 horas en total, que equivalen a una hora a la semana. Wert la eliminó porque había padres que no querían que sus hijos la cursaran. Ahora la asignatura se convierte en obligatoria para todos los alumnos, y dentro del horario lectivo, lo que va a provocar la vuelta del polémico pin parental de Vox. Con la Lomce había una asignatura de Valores, pero no se metía en estas cuestiones y, además, era de elección optativa para las familias: como alternativa se podía cursar Religión.

La materia, que también se da en un curso de Primaria, se divide en cuatro bloques en la ESO. El primero es el del “autoconocimiento y el desarrollo de la autonomía moral”. El segundo atiende a “la comprensión del marco social de convivencia y el compromiso ético con los principios, valores y normas que lo rigen”. El tercero se refiere a “la adopción de actitudes compatibles con la sostenibilidad del entorno desde el entendimiento de nuestra relación de inter y ecodependencia con él”. Y, finalmente, el cuarto, “dedicado a la educación de las emociones”, se ocupa de “desarrollar la sensibilidad y la conciencia y gestión de los afectos en el marco de la reflexión sobre los valores y los problemas éticos, cívicos y ecosociales”.

El programa de estudios incurre en cuestiones muy subjetivas -al hablar por ejemplo, de “generar un concepto adecuado de lo que deben ser las relaciones afectivas y afectivo-sexuales”- y también poco realistas con lo que es un adolescente menor de 16 años. Mientras se reducen los contenidos concretos que los estudiantes tienen que estudiar, se exige que los alumnos sepan “contribuir activamente al bienestar social adoptando una posición propia, explícita, informada y éticamente fundamentada, sobre el valor y pertinencia de los derechos humanos, el respeto por la diversidad étnico-cultural, la consideración de los bienes públicos globales, la percepción del valor social de los impuestos, así como con la historia democrática de nuestro país y con el Estado de Derecho y sus instituciones, los organismos internacionales, las asociaciones civiles, y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado en sus funciones dirigidas al logro de la paz, la seguridad y la solidaridad entre los pueblos y las personas”. ¿Qué adulto sería capaz de tener una posición “informada y éticamente fundamentada” sobre todas estas cuestiones?

A la vez, se anima a “tomar consciencia de la lucha por una efectiva igualdad de género, y del problema de la violencia y explotación sobre las mujeres, a través del análisis de las diversas olas y corrientes del feminismo y de las medidas de prevención de la desigualdad, la violencia y la discriminación por razón de género y orientación sexual, mostrando igualmente conocimiento de los derechos LGTBIQ+ y reconociendo la necesidad de respetarlos”.

Los contenidos políticos no sólo salpican la asignatura de Valores, sino que parece que marcan la tendencia del resto de asignaturas. En Lengua Castellana y Literatura, se habla de “lectura con perspectiva de género” y este enfoque también está en las Matemáticas, en la Biología, en la Educación Plástica y en la Expresión Artística (donde se estudian “las producciones artísticas ejecutadas por mujeres”) o la aparentemente inofensiva Educación Física, donde en la cultura motriz se habla del “deporte como fenómeno social, analizando críticamente sus manifestaciones desde la perspectiva de género y desde los intereses económico-políticos que lo rodean, para alcanzar una visión más realista, contextualizada y justa de la motricidad en el marco de las sociedades actuales”.

En Historia, guiada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible, también se analiza “el mundo de los cuidados” y “las personas invisibilizadas en la Historia”. Además de estudiar “la acción de los movimientos feministas y sufragistas en la lucha por la igualdad de género” y las “mujeres relevantes de la historia contemporánea”, se abordará en el temario “la discriminación por motivo de diversidad sexual y de género”.

En esta asignatura hay un epígrafe para “las emociones y el contexto cultural” y “la perspectiva histórica del componente emocional” y otro para el “asociacionismo” y para “el papel de la religión en la organización social, la legitimización del poder y la formación de identidades”.

Se estudiará también la “concentración y distribución de la riqueza”, las “formas y modos de percibir y representar la desigualdad” las “líneas de acción para un reparto justo” y “la cuestión del mínimo vital”.

También se insta a los alumnos a reflexionar sobre los efectos del capitalismo: “Si bien es necesario destacar los resultados positivos en ciertos ámbitos del progreso, la civilización, la técnica y la cultura, deben también cuestionarse éticamente las consecuencias del desarrollo tecnológico y la globalización con respecto a la diversidad cultural, la competencia por los recursos, la conflictividad internacional, las migraciones, la despoblación rural y, en general, la degradación de la vida en la Tierra”.

Hay espacio también para hablar de “las percepciones etnocéntricas” y para defender a las minorías: los alumnos tendrán que “reconocer las desigualdades sociales existentes en épocas pasadas y los mecanismos de dominación y control que se han aplicado, identificando aquellos colectivos que se han visto sometidos y silenciados, destacando la presencia de personajes femeninos”.

Conforme a los criterios de

The Trust Project

Saber más

Leave a Reply

%d bloggers like this: