September 21, 2021

Pedro Sánchez da oxígeno a Pere Aragonès y presidirá este miércoles la mesa de diálogo con la Generalitat

Diada El secesionismo pierde poder de movilización en las calles y se revuelve contra ERC y la mesa de negociación Cataluña Aragonès se jacta de sentar al Gobierno en la mesa de la independencia

La afluencia a la Diada del pasado sábado, menos secundada que en años anteriores, causó alivio en Madrid. Era una prueba de fuego para medir el empuje y el músculo que podrían exhibir los independentistas en la mesa de diálogo. El análisis que se hace dentro del Gobierno es que entre el secesionismo ha calado la «frustración» ante promesas incumplidas y que eso legitima su estrategia de un diálogo de tú a tú con la Generalitat. Eso, entre otros factores, contribuyó a deshojar la margarita en La Moncloa: Pedro Sánchez liderará este miércoles la mesa de diálogo, lanzándole un salvavidas a ERC, que ante la presión de Junts y la CUP había fiado la credibilidad de este encuentro a la presencia del presidente del Gobierno.

«Es la primera reunión de esta legislatura catalana y lideraré esta delegación del Gobierno», ha expuesto Sánchez en una entrevista en TVE. «He defendido el diálogo, la necesidad de abrir un nuevo tiempo, de reencontrarnos… Tendré la oportunidad de reunirme con el presidente (Pere Aragonès), luego encontrarme con las delegaciones. Espero que avancemos en esa línea de diálogo y reencuentro». La cita será el miércoles y no a finales de semana como anticipó la Generalitat. Sánchez recibe el jueves al presidente de Colombia y el viernes viaja a Atenas.

Así, pues, además de Sánchez, la delegación del Gobierno estará formada por la vicepresidenta Yolanda Díaz y los ministros Félix Bolaños (Presidencia), Isabel Rodríguez (Política Territorial), Miquel Iceta (Cultura), Raquel Sánchez (Transportes) y Manuel Castells (Universidades).

En los últimos días, tanto desde el Ejecutivo como desde el PSOE habían echado balones fuera sobre su presencia, mientras que los independentistas presionaban a ERC para boicotear la cita, exigiendo a Pere Aragonès, presidente de Cataluña, no acudir si Sánchez no hacía lo propio. Hablaban de «humillación» y «desprecio». Pusieron incluso en duda su presencia, pese a estar en el Govern, si Sánchez no iba. ERC, por su parte, pedía unidad conscientes de que su apuesta por el diálogo, frente a las presiones de Junts, dependía de la asistencia de Sánchez. «No concibo una reunión en la que no esté», dijo Aragonès.

ERC comprometió la credibilidad del foro a que estuviera el jefe del Ejecutivo

La Moncloa se reservaba esa carta, que ha estudiado meticulosamente, esperando el devenir de las negociaciones sobre la metodología de la mesa, el orden del día -se ha incorporado la ministra de Transporte en la delegación del Gobierno tras el choque por la inversión fallida en el Prat– y lo que deparase la Diada que se celebró el sábado. Un trabajo que han supervisado de primera mano desde Presidencia.

Desde el PSOE, en estos días, tratan de dar cobertura a ERC, debilitada tanto por la Diada -los republicanos pidieron una asistencia masiva como medida de presión para el diálogo- como por el a día de hoy frustrada inversión de 1.700 millones en el Prat -todo se frustró a raíz de un tuit de Aragonès en contra del impacto medioambiental del plan-.

Este lunes, Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE, echó un capote a ERC -mantiene muy buena relación con esta formación en el Congreso- al señalar que este foro surgió de un pacto entre el PSOE y ERC que son «las fuerzas que más han apostado por esta mesa». Y todo en un contexto en el que se va a abrir la negociación para los Presupuestos Generales para 2022, para cuya aprobación es clave el apoyo de ERC.

Ambas formaciones pactaron este foro y a ambas les interesa que perdure en el tiempo. Esto es, que el diálogo no naufrague a las primeras de cambio porque así podrían sostener mejor su posición ante la presión de los socios y de la oposición: dilatar la mesa en el tiempo permitiría rebajar el protagonismo del conflicto catalán -algo por lo que apuesta La Moncloa, centrada en la agenda social-; exponer que no se ha cedido ni tampoco concedido nada; y que se mantiene la apuesta por el diálogo.

En el Gobierno consideran que lo sucedido en esta Diada respalda su apuesta por el diálogo y la «agenda del reencuentro» con la Generalitat. Que la relación con Cataluña en los últimos tres años ha girado de la judicialización a la negociación. Y creen que eso es una «buena noticia». «Se avanza en la buena dirección», exponían ayer varios ministros. Desde distintos departamentos gubernamentales ponen en valor que entre Madrid y Barcelona hay relaciones «constructivas», «cordiales» y «fluidas».

«Los secesionistas están dentro de la legalidad» defienden en el PSOE

Achacan los altercados protagonizados por asistentes a las movilizaciones frente a la Jefatura Superior de la Policía a que en un contexto de menor movilización acuden los más radicalizados. «Cuando se reduce el número, se radicalizan las posiciones», observó Miquel Iceta, ministro de Cultura y Deportes, y que estará presente en la mesa de diálogo. La vicepresidenta Nadia Calviño llegó a hablar de celebración «pacífica» pese a las imágenes.

Frente a esas imágenes, fuentes del PSC consultadas por este diario explican que los independentistas «desde hace cuatro años están dentro de la legalidad, actúan y permanecen dentro de ella. Eso es lo importante», remarcan, para alentar el diálogo. Una estrategia que incluyó la concesión de los indultos a los líderes del procés. Sánchez defendió de nuevo ayer la concesión de la medida de gracia porque, considera, decisiones así «contribuyen a normalizar y estabilizar la situación en Cataluña», que, esgrimió, representa el 20% del PIB.

Con todo, y aunque la estrategia sobre Cataluña, indultos incluidos, ha sido asumida por el PSOE, hay un sector que mantiene vivos sus recelos. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page apostó ayer por la discusión institucional entre los distintos gobiernos, «pero sin confundir las cosas», porque alertó de que el Gobierno de España «nunca puede estar en una situación de igual a igual con el Gobierno de Castilla-La Mancha».

El presidente de Aragón, Javier Lambán, tampoco tuvo contemplaciones al asegurar que la mesa de diálogo «no tiene ningún futuro».

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