August 1, 2021

El “depravado último recuerdo” de Tomás Gimeno para Beatriz: le envió un audio de Olivia antes de matarla

Tenerife La Guardia Civil investigó el crimen como “la venganza de un celópata”

Hace cerca de tres meses, el 27 de abril, desaparecían dos niñas con su padre en Tenerife. El tiempo confirmó el peor de los escenarios para desconsuelo de su madre y conmoción del país. Olivia, de seis años, y Anna, de uno y medio, habían muerto a manos de Tomás Gimeno. El buque oceanográfico Ángeles Alvariño logró recuperar el cuerpo de la mayor de las hermanas pero no el de la pequeña ni el de su asesino, que yacen en el fondo del mar. Este trágico desenlace dio a conocer entre la población un tipo de crimen, el de la violencia vicaria en el que el hombre daña a sus hijos para asestar a la mujer un golpe y dolor extremo que le acompaña para siempre. Durante este duro trance, Joaquín Amills, de SOS Desaparecidos, se convirtió en portavoz de la familia. En una entrevista en Almería Hoy. revela algunos datos estremecedores de este caso y advierte de que en España “hay ahora mismo 40 menores desaparecidos por sustracción parental”.

Amills traza un perfil claro de esos individuos, que no “se convierten en este tipo de maltratador de la noche a la mañana”. “Los insultos y amenazas son síntomas a los que no debemos restar importancia, porque siempre son el prólogo de lo peor. Formación siempre, y acudir a la Policía y los tribunales”, pide para ” aprender a desenmascarar a todos los ‘Tomás Gimeno’ que existen”.

No son enfermos mentales y no presentan ningún remordimiento por lo que hacen, asegura. “En España hay ahora mismo 40 menores desaparecidos por sustracción parental, es decir, porque se los ha llevado uno de los dos progenitores. En este momento no sabemos si están vivos o muertos. También hay alrededor de 300 que fueron con su padre o madre a otro país, generalmente del Este de Europa, y no han regresado. En esas situaciones son frecuentes los chantajes de permitir un contacto de un cuarto de hora por videoconferencia a cambio de dinero. Es una lacra muy extendida, por desgracia, en todo el mundo. Hace falta entender los derechos de los hijos, y que no son propiedad de nadie”.

Sobre la muerte de Olivia y Anna, Joaquín Amills reconoce que era un final que “se temían” pero “albergaba la esperanza de descubrir al asesino”. Junto al desgarro que se siente, hay cierto estado de “paz al que ha contribuido la certeza de que el sujeto capaz de perpetrar un crimen tan execrable está muerto”.

En los primero momentos de la investigación se presentó a Tomás Gimeno como un buen padre por una cuestión de “estrategia”, explica: “La psicóloga elaboró un perfil psicológico de Tomás y aconsejó en un primer momento, cuando aún cabía la posibilidad de que las niñas estuvieran vivas, apelar a su corazón. Eso significaba evitar revelar lo sinvergüenza que era”. Era “un sujeto narcisista, de comportamiento infantil y tramposo. Para él, ganar era lo más importante, y siempre celebraba sus triunfos avergonzando al perdedor. Nunca quería ni podía admitir perder. Para él, las niñas eran de su propiedad”.

Y da un ejemplo de su “maldad”, propia de un ser “depravado”. Envió a Beatriz un “último recuerdo”: hizo que la pequeña Olivia grabara un audio encargando a su madre recoger unos cuadros. En ese momento, asegura, asesinó a sus dos hijas.

Amills asegura que Tomás Gimeno “lo tenía previsto desde el principio, y tenía claro que tenía que hacerlo en un punto donde no fueran encontrados nunca ni su cadáver ni el de las niñas, porque su objetivo era el sufrimiento de Beatriz”. Ella, asegura, es una persona “muy especial”, incapaz de “albergar odio, aunque está rota en un millón de pedazos”.

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