August 2, 2021

La OCDE evidencia el estancamiento en comprensión lectora de la generación de españoles que estudiaron con la Logse

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala a España cómo uno de los países donde menos se desarrolla la comprensión lectora de los alumnos cuando terminan la educación obligatoria. Para ello ha seguido el desempeño de los nacidos en 1984, la generación de la Logse, comparando los logros que obtuvieron cuando tenían 15 años (medidos en el informe PISA de 2000) con las competencias alcanzadas cuando cumplieron 27 años (evaluadas en 2012 en el estudio PIAAC). El resultado es exactamente el mismo: consiguieron 263 puntos cuando eran adolescentes y alcanzaron 263 puntos cuando se convirtieron en adultos.

Es una de las principales conclusiones del informe Skills Outlook 2021, que este organismo internacional ha presentado este martes en una treintena de países. El trabajo analiza el aprendizaje a lo largo de toda la vida y la transición desde la Secundaria hasta el mercado laboral. Aquí no le va muy bien a España: mientras en casi todos los países los jóvenes incrementan su habilidad para comprender textos escritos conforme van alcanzando la mayoría de edad, aquí es como si dejaran de aprender cuando terminan 4º de la ESO.

La investigadora Francesca Borgonovi, autora de la investigación y miembro del Centre for Skills de la OCDE, señala a EL MUNDO que “los resultados en comprensión lectora estimados, de media, para la cohorte de españoles que nacieron en 1984-1985 tanto a sus 15 años como a los 26-28 años no difieren”.

En la media de la OCDE, por el contrario, se registra un incremento de 14 puntos en PIAAC, el equivalente a un 30% de la desviación estándar. Los países donde más aumentan las competencias son Japón (de 277 a 310 puntos), Finlandia (de 280 a 307) o Suecia (274 a 292). España es el único país donde la mejora es igual a cero. En Grecia (de 254 a 251) e Irlanda (279 a 276) se produce un empeoramiento.

Se da la circunstancia de la cohorte analizada por la OCDE es la que estudió con la Logse, aprobada por el PSOE en 1990. Esta ley, cuyos principales postulados se van a reproducir ahora con la Lomloe de Isabel Celaá, apostó por la memorización de menos contenidos e impulsó el llamado “aprender a aprender”. Muchos sitúan en esta ley el comienzo de una bajada de nivel.

“La Logse se promulgo con el objetivo de modernizar la educación y de permitir la descentralización del modelo educativo. Los teóricos del modelo, Álvaro Marchesi y César Coll, plantearon un modelo constructivista, donde el alumno es quien ordena su aprendizaje y el profesor es el que tiene que dotar el medio para que el estudiante avance a su ritmo”, expresa Jorge Sainz, catedrático de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos y ex secretario general de Universidades durante el Gobierno del PP.

En su opinión, “los datos de PISA han dejado en evidencia los malos resultados del modelo, que, aun así, ha seguido siendo la base de reformas posteriores, como la LOE y la Lomloe, curiosamente también inspirada por César Coll”. “Los datos de la OCDE”, recalca, “muestran que la ley, que tenía entre sus objetivos la ‘adquisición de hábitos intelectuales’, ha sido poco efectiva y no ha conseguido tampoco favorecer a aquellos estudiantes de entornos más desfavorecidos económica o culturalmente”.

La OCDE no quiere entrar a valorar si el estancamiento se produce por culpa de la Logse y lo asocia más bien al abandono temprano y al alto porcentaje de ninis. “Tenemos que estudiar más en profundidad el caso, pero de nuestros análisis se desprende que el incremento en el desempeño es más bajo en países donde el número de jóvenes que no estudian ni trabajan es alto, como España”, señala Borgonovi, que apunta que los hijos de los padres que han ido a la universidad obtienen mejores resultados de comprensión lectora a los 27 años que a los 15.

Eso está evidenciando un problema de desigualdad porque, al mismo tiempo, los hijos de padres sin estudios pierden competencias entre los 15 a los 27 años. Algo parecido ocurre con el nivel formativo de esos alumnos: mientras los más brillantes mejoran sus habilidades en ese tiempo, los más rezagados no es que estén estancados, es que empeoran.

Ismael Sanz, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Rey Juan Carlos y ex chair del Strategic Development Group de PISA de la OCDE, explica que lo que dicen los datos, en términos prácticos, es que “los alumnos que en 2000, cuando tenían 15 años, no entendieron El Quijote o no supieron leer una factura de la luz o comprender el prospecto de una medicina retrocedieron en 2012, cuando tenían 27 años”.

En su opinión, “el problema no sólo viene de la Secundaria, sino que en la Universidad tampoco se mejora mucho”. Cita otros datos de PIAAC que evidencian que el nivel de un alumno español de educación superior es el mismo que el de un estudiante de Bachillerato en Holanda o en Japón.

“Llevo notando desde hace años que entra gente en la Universidad con buenas notas pero que no sabe leer críticamente”, advierte Benito Arruñada, catedrático de Organización de Empresas de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. “Mi percepción es que cada vez leen menos y peor. Tenemos una mayoría bajo mínimos y una minoría muy motivada. Los exámenes son cada vez más cortos y entra menos materia. Cuando hablas con las empresas te dicen que contratan a alumnos con muy buenas notas pero que, en la entrevista de trabajo, lo primero que hacen es preguntar por la conciliación”, añade.

Arruñada sostiene que esta generación es la de los “niños trofeo”. “Les han dado medallas aunque perdieran. Los mejores estudiantes han ganado todo tipo de premios y no han recibido una crítica en su vida. Cuando les corriges alguna presentación en clase en seguida se enfadan. Y luego, en el trabajo, cuando les cae alguna bronca, en seguida se van a llorar al baño o se quejan al jefe de que les tienen manía. No pueden asumir que lo han hecho mal”.

El informe también señala que España presentaba “altos niveles” de participación en formación formal e informal antes del Covid, pero, comparado con otros países, ha tenido la suerte de tener los colegios cerrados menos días y la pérdida de aprendizaje ha sido menor. Sin embargo, durante la crisis económica de 2009, “el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabaja se incrementó”. “Es crucial que no ocurra otra vez”, advierte Francesca Borgonovi. España tiene un 17% de ninis, pero en los años más duros de la crisis ha llegado a alcanzar el 25%.

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