June 15, 2021

La Guardia Civil sólo trabajó con la hipótesis de que Tomás Gimeno acabara con la vida de Anna y Olivia

La Guardia Civil encontró a última hora de la tarde de este jueves el cadáver de Olivia, la mayor de las dos niñas secuestradas en Tenerife por su padre Tomás Gimeno el pasado 27 de abril después de que éste decidiera no devolver a las niñas a su ex mujer y le advirtiera de que no las volvería a ver.

El cuerpo de la menor estaba dentro de una bolsa atada al ancla de la lancha de Gimeno, tal como precisaron fuentes de la investigación. Se localizó a una profundidad de 1.000 metros a una milla de la costa tinerfeña.

El hallazgo se produjo sólo tres días después de que el sónar del Instituto Armado hallara en el mar una botella de aire comprimido y una funda nórdica propiedad de Tomás Gimeno.

Los agentes mostraron entonces su convencimiento de que la botella pudo usarse para lastrar los cuerpos, al igual que el ancla, pues cuando los investigadores encontraron la lancha de Gimeno horas después de las desapariciones de Anna y Olivia estaba vacía y a la deriva.

El hallazgo de la funda nórdica y la botella de aire comprimido en el océano ha supuesto un avance de vital importancia para la Policía Judicial de la Guardia Civil de Tenerife en la desaparición de Anna y Olivia por dos razones: porque les permite casar sus sospechas con pruebas tangibles en la construcción de lo que pudo pasar y porque sella la hipótesis predominante que siempre ha mantenido.

Horas después de que Beatriz, la madre de las niñas de Tenerife, denunciara que su ex marido no se las había devuelto la noche del 27 de abril tras advertirle de que no las volvería a ver, los agentes supieron que el principal escenario en el que buscar era el Atlántico.

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Hallan el cadáver de Olivia, la mayor de las hermanas desaparecidas con su padre en Tenerife

La teoría de una hipotética huida de madrugada de Tomás con las pequeñas Anna y Olivia mar adentro nunca encontró encaje en las pesquisas.

Los investigadores fueron conscientes de la dificultad del asunto y también de su delicadeza, sobre todo de esto último. Supieron de la necesidad de presentar a la madre unas conclusiones bien armadas que, según preveían, se iban a construir sin pruebas explícitas aunque con un potente ramillete de indicios.

No tenían evidencias materiales y tampoco confiaban en encontrarlas dada la complejidad de una búsqueda en el océano a más de 1.000 metros de profundidad -que no ha permitido la inmersión de los buceadores- y con una orografía submarina rocosa y escarpada.

Por contra, intuían con claridad lo que había podido suceder tras acercarse a la personalidad atormentada de Tomás Gimeno y su negativa no sólo a aceptar la nueva relación de Beatriz sino a que Anna y Olivia pasaran tiempo con él. Tampoco pasaron por alto el hecho de que el padre no hubiera retornado a las niñas a Beatriz y el aviso que le hizo su ex marido. Concluían a pies juntillas que ninguno de los tres salió de la isla.

Las imágenes de una cámara del puerto que captó a Tomás ya sin las niñas -tras pasar solo con ellas una hora en su casa– transportando petates militares desde su coche hasta la lancha, su entrada en el mar, la vuelta sin bultos para cargar su móvil y el hecho de que se metiera de nuevo al océano con el barco y que mandara mensajes de despedida a sus amigos, fueron determinantes para los agentes.

A lo largo de este mes y medio, Beatriz ha sido un invernadero de sentimientos mostrándose convencida de que Tomás y sus hijas están en un país remoto. Ha atribuido la aparición por sorpresa -nadie confiaba en encontrar nada en el fondo del océano- de la botella de aire comprimido y del edredón a un supuesto plan preconcebido de su ex marido para despistar.

Los agentes mientras tanto investigan si esa botella pudo usarse como método de lastraje y también intentan buscar el ancla de la lancha de Tomás, ante la sospecha de que pudiera haber servido también como mecanismo de hundimiento.

Los objetos que se han hallado serán examinados en el Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil de Madrid, al igual que ya se han analizado las muestras de ADN recogidas en casa de Tomás Gimeno, donde pasó cerca de dos horas a solas con las niñas tras regresar de casa de sus padres.

La aparición de la funda nórdica y de la botella de Tomás ha sorprendido a los propios investigadores, que no tenían expectativas de encontrar pruebas concluyentes en la zona de búsqueda ante la llegada del sónar.

De hecho, la embarcación oceanográfica tenía previsto marcharse el pasado martes, un día después de que detectara los objetos que apuntalaron más si cabe la teoría que los investigadores han sostenido desde el principio y que ya eran fundamentales para poder dar respuesta a las desapariciones.

El sónar, junto al robot, iba a retirarse definitivamente de las labores de búsqueda el próximo lunes pero el hallazgo en la tarde de ayer del cuerpo de una de las niñas podría condicionar ese regreso y extenderlo ante la posibilidad de ampliar la búsqueda para poder dar con el paradero de la niña pequeña, Anna de un año, y del propio Tomás Gimeno.

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