June 20, 2021

Indultos nos cuesten lo que nos cuesten

Pedro Sánchez está dispuesto a arriesgarlo todo en nombre de la «magnanimidad» y la «reconciliación». El trompazo de Madrid, lejos de apocarlo, le sirvió de acicate para acelerar los planes de apuntalamiento de su legislatura. Cueste lo que cueste y nos cueste lo que nos cueste. Vacunas, fondos europeos y concesiones al independentismo. Esas son las tres claves necesarias.

En marcha las dos primeras, gracias a la Unión Europea, sólo resta la tercera y ya está en camino y aceleradamente. De momento, el relato para convertir en coraje político la decisión de perdonar a quienes no dudaron en arremeter contra el Estado a golpe de sedición y malversación, va cobrando forma.

No importa que ello implique adornar con la aureola de víctimas dolientes a los condenados por el Supremo que insisten en su voluntad de repetir el desafío. Ni que al tiempo se emborrone el perfil de la oposición, y en especial del Gobierno de Mariano Rajoy, con la culpa de haber provocado la «herida catalana» a base de «odio», como ayer mismo apuntó en el Congreso el ministro de Justicia Juan Carlos Campo.

No importa tampoco, como hizo el presidente del Gobierno, equiparar el cumplimiento de la ley y las decisiones de los tribunales con la venganza y el revanchismo. Ni la vergüenza de llegar a hacer comparaciones entre la democracia española y el apartheid sudafricano ni, como apuntó la portavoz popular, Cuca Gamarra, «envenenar los valores del entendimiento y la concordia para encubrir la reafirmación en el delito».

Nada de esto es trascendente si de lo que se trata es de enhebrar un discurso que blinde al presidente, aunque ello suponga presentar a los delincuentes como víctimas, a los agredidos como vengadores, dejar a los jueces a los pies de los caballos e implique el riesgo de sembrar, como mantienen desde las filas de la oposición, «la semilla de un nuevo procès». La primera se plantó, según el PP, con el pacto del Tinell; la segunda, se está cultivando ahora.

El presidente promete generosidad, pide a los españoles «confianza» en su decisión de indultar y asegura que con ella el país dejará atrás una etapa oscura y entrará en otra de entendimiento y diálogo. En el PP lo ven del revés: «El apaciguamiento será interpretado como debilidad por quienes se aprovechan de él», advierte Gamarra para quien «no hay grandeza ninguna en someterse a quien te dice: lo mío es mío y lo tuyo es negociable».

De hecho, nada en la contraparte secesionista, más allá de la carta en la que Oriol Junqueras indulta graciosamente a quienes están dispuestos a perdonarle, dibuja el futuro que anticipa Sánchez.

Un panorama que no ven ni los propios independentistas, ni la Fiscalía, ni el Supremo, ni la oposición, ni buena parte del PSOE. Sólo lo vislumbra el presidente, para quien es esencial ganar tiempo con los indultos y después con la mesa bilateral de negociación a fin de evitar que en el año y medio largo que le queda de mandato, la actitud del secesionismo torne de nuevo a las andadas de la unilateralidad. Si eso llega, que le toque a otro.

Sólo un detalle se le escapa de momento a Sánchez y a su equipo de relatores monclovitas: la posibilidad, como ya sospecha sagazmente el independentismo más radical y rupturista -el que representa la CUP, pieza clave en la sostenibilidad de una Generalitat mal avenida-, de que el Supremo revoque, en apenas tres o cuatro meses, los indultos que ahora concederá el Gobierno. Sánchez y Redondo no quieren ni pensar en ello. La instantánea de Junqueras y compañía ingresando de nuevo en prisión puede ser más cruel incluso que la segunda edición de la foto de Colón que se publicará el domingo.

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